lunes, agosto 15, 2005

Hazañas bélicas


Acabo de pasar por el edificio del Consejo Legislativo de Hong Kong, el único parlamento regional de China cuyos miembros (bueno, la mitad de ellos) son elegidos democráticamente por los ciudadanos. Hace sesenta y pocos años, ese viejo edificio colonial, hoy hermoso y elegante, se vio convertido un centro de tortura donde los militares japoneses aterrorizaban hasta la muerte a los prisioneros aliados.

Y es que ahora, en que se cumplen 60 años de la rendición de las tropas japonesas, pocos en Hong Kong quieren acordarse de la guerra. Durante los años de ocupación, los nipones sembraron la colonia de serpientes venenosas con el único objetivo de exterminar a su población, llenaron el barrio de Wanchai de prostíbulos militares y trabajaron duro por destruir el estilo de vida de sus habitantes.

Historias parecidas a ésta se pueden encontrar en Filipinas, en Singapur, en Burma. Para China, donde el odio al pasado militarista japonés se lleva tan dentro, Tokio debe tomarse en serio la manera en que recuerda su paso por la Segunda Guerra Mundial. Hasta que no de pasos firmes y pida perdón de manera sincera (lo hace cada pocos meses y hoy lo volvió a intentar Koizumi, pero casi nadie se toma en serio sus disculpas), las relaciones - comerciales, militares o de cualquier tipo - entre ambas potencias seguirán estando tomadas por la crispación.